Dr. Juan C. Arguello
Médico general con especialidad en Cirugía plástica
juancarguello@hotmail.com
En la vida diaria siempre nos preocupa algo, el 1% de la población
sufre de la sensación de humedad continua en ciertas zonas del cuerpo,
como las axilas, las manos y los pies, pueden convertirse en un
verdadero conflicto para quien debe lidiar con la sudoración excesiva.
Cuando llegan los tiempos de altas
temperaturas, la sudoración puede convertirse en un problema de
confianza y seguridad en la vida social. Algunas personas padecen este
problema durante todo el año, aunque en las estaciones cálidas suele
acentuarse.
Es una sobreproducción de las glándulas sudoríparas que produce
una transpiración excesiva en determinadas zonas del cuerpo como las
axilas, las manos y los pies. El nivel de transpiración, en estos
casos, supera las necesidades fisiológicas del cuerpo y se produce por
distintas causas: psicosomáticas, desórdenes hormonales, neurológicos o
medicamentosos. A esto le llamamos hiperhidrosis.
Afecta más a los hombres que a las mujeres, aunque
suelen ser las mujeres quienes realizan más consultas sobre el
trastorno y sus posibles soluciones. El problema de la hiperhidrosis es
que impide llevar una vida normal porque los que sufren la enfermedad
se estresan y se angustian frente a determinadas situaciones sociales.
De todas maneras, la medicina ha creado numerosos remedios para tratar
la hiperhidrosis que, además de limitar el exceso de transpiración, le
ofrecen mayor confianza a la persona que padece el problema.
Se suele recurrir a los productos antitranspirantes,
aunque no siempre resultan del todo efectivos. Si esta clase de
desodorantes no funcionan, se puede recurrir a un tratamiento con sales
de aluminio. Por lo general, se evitan los tratamientos con
medicamentos orales porque generan demasiados efectos colaterales
(sequedad en los ojos, en la boca, en las manos, las axilas y los
genitales).
Además de los antitranspirantes cosméticos, el
implante de Botox localizado es una de las nuevas técnicas que permite
disminuir la cantidad de sudor. Se trata de la misma toxina botulínica
que se utiliza contra las arrugas. Ofrece resultados eficaces, aunque
no permanentes. Su duración oscila entre los seis meses y el año. El
tratamiento consiste en la identificación de aquellas regiones en las
que se concentran la mayor cantidad de glándulas sudoríparas. Luego, se
realizan entre 20 y 25 pequeñas aplicaciones con aguja a través de las
que se introduce la sustancia. Los efectos comienzan a manifestarse
pasada una semana del proceso.
El Botox bloquea la acción de las terminaciones
nerviosas que inervan las glándulas sudoríparas, evitando así que
produzcan sudor. El efecto de esta técnica es transitorio, durando
varios meses.
Dentro de la primera semana de tratamiento ya es
notoria la mejoría en la sudoración. Puedes llegar a reducir el nivel
del sudor en más del 83%.Como término medio, el efecto dura entre 4 y 9
meses dependiendo de cada persona.